El Manuscrito de San Florián

Conoce mi novela El Manuscrito de San Florián,
mi libro de poemas Todas las Vidas
y mi volumen de relatos Fotos de Ciudades que Amanecen

Poesía


 TODAS LAS VIDAS




Todas las vidas es el primer poemario publicado por Jorge Díaz-Leza, joven autor madrileño que ya se ha prodigado en el campo del relato y la novela . Esta incursión en el ámbito poético la ha realizado con un texto intimista en el que, a modo de palimpsesto, secruzan historias de amistades, amores y personajes, casi siempre teñidas de un fuerte compromiso social, humano y ético, con este tiempo de ausencia de libertades y recortes económicos que nos ha tocado vivir. Una mirada poliédrica y hermosa que nos muestra las facetas más frescas, juveniles y resplandecientes del ser humano y su natural tendencia al amor y al compromiso. El libro cuenta con un prólogo del coordinador de la Tertulia Literaria del Círculo de Bellas Artes de Madrid, Alfredo Piquer Garzón.


NUNCA MAIS
(Inma)

Vine del sur para limpiar tu rostro.

Tu rostro moldeado, a cada exhalación,
por un millar de manos invisibles.

Con agónica sed lo lamí
cavando el veneno.
Y destrocé mis labios y mi lengua
en chapapote
por encontrar tu fresco
sabor a transparencia.

Sí, vine, vinimos
del sur.

Asaltamos los trenes y los autobuses
con ciego furor de ventisca
para volvernos nieve
y avalancha
en tu playa.

Vine del sur para limpiar tu rostro.
Tu rostro que tomaba la forma de los vientos.


PALABRAS

Recompondré esas palabras,
las reviviré de nuevo.

Esas palabras tan muertas,
hundidas en el estiércol,
que han escupido los hombres,
pisoteado y deshecho.

Recogeré esas palabras
esparcidas por el suelo.

Y exprimiré mis palabras,
romperá en zumo su pecho, 
puro néctar de esperanza 
con que regaré el desierto.

Y crecerán muchos árboles
con manos de puño abierto,
y acudirán muchas alas
buscando refugio nuevo.

Lo que tan sólo fue arena
será ramas, flores, vuelos
y será trino de aves
lo que tan sólo silencio.


QUISE SABER CÓMO TE LLAMAS...
(Quique)

...y ayer te lo pregunté,
pero no te diste cuenta que estaba junto a ti.
Soy tan pequeño
que ni siquiera mi voz
ha podido brincar
por encima de tu nombre.
Me entretengo en el jardín
viendo moverse las hormigas
mientras tú riegas las rosas
por detrás de la cerca.
Creo que puedo llamarte
empezando por A,
pero aún no he encontrado la palabra en mi cartilla.
Me han dicho que creceré pasados diez veranos.
Todavía no he aprendido la lección de las estaciones.
Continuaremos juntos a pesar de que en la escuela
estoy la mayor parte del día, no en el jardín.
Eres el uno que crece por encima del cero
o la “i” que me mira con su único ojo
cuando la “o” bosteza al final de la palabra.
Las clases se suspenden cuando empieza el calor
y mis amigos se marchan sin despedirse.
Me quedan las cigarras que brincan en la hierba
y tú ya no vienes a ocuparte de las rosas.
La luz de tu ventana se apagó al anochecer.
El viento me susurra el jolgorio de un baile
desde el pueblo vecino.
Me han dicho que creceré pasados nueve inviernos.
Pero aún no he aprendido la lección de las estaciones.


SU BOCA VINO A MÍ
(Ruth)

Su boca vino a mí:
nadaba en el aire
en torno a mi cabeza.
-¿Quién eres?-pregunté
-Una boca. Sólo una boca.
La boca de un hombre que quisiera devorarte.

Y me condujo a la casa donde el hombre sin boca dormía,
dormía y soñaba, plácidamente,
ignorando la ausencia de sus labios rebeldes
que esa tarde volaron a contarme sus deseos.


CATORCE
(Almudena)

Llegaste un día, llegaste.
Lancé mi miedo sombrío
a la hoguera de tus rizos
y se volvió ceniza
inconsistente
que el viento barrió
y dispersó
a nuestros pies.

Porque te abracé.
Porque fue como si en tu cuerpo
también la abrazara a ella, 
como si en tus ojos viera
su ilusión sin límites
y aquella vieja sonrisa
de resplandeciente esperanza.
Como si de un abismo 
de fosas y cadáveres
su cuerpo emergiera en tu cuerpo
penetrando por tus plantas,
adueñándose de ti, 
reviviendo de nuevo 
bajo tu carne joven,
cerrando las heridas
de su pecho fusilado.

Y eras tú
y era ella.
La perfección se completó
como cuando el sol
y los campos floridos
llenan la tierra de cielos estrellados.

Y te besé.
Y tus labios de pronto 
me contagiaron de ella.
Y volvía a creer
y a gritar mi rebeldía
de nuevo,
sin temor.

Y volamos de la mano por las calles
donde la multitud perseguía
esqueletos de sueños
y alzaba viejos cantos naufragados
sobre olas de banderas.

Porque era la primavera.
Y era abril
y catorce
y la República.